Es como parir un hijo, me decían a propósito de la finalización de la tesis doctoral. Si bien la tesis se gestó a lo largo de 5 largos años, y me costó sudores y lágrimas, el esfuerzo nada tuvo que envidiar al de haber sido dos veces madre en menos de tres años. La llamada de la naturaleza fue repentina, sin avisos previos, un día decidí que había llegado el momento. Algo me llamo desde dentro, similar al aleteo de las mariposas que uno siente cuando Cupido le atraviesa con su flecha.
Después de diez años de noviazgo con sus altos y sus bajos, con mis idas y venidas (literalmente hablando, los últimos años me los pasaba viajando constantemente) dimos el gran paso (después de hipotecarnos hasta los riñones por habernos hecho con un precioso pero mínimo hogar de 60m2). Me quedo embarazada, lo supe de seguida, llegó la primera. Deseada como la que más, nos hizo ponernos las pilas como novatos desde el segundo uno de nacer. Ríos de lágrimas nos conquistaron durante el primer duro y largo año de crianza. Una precocidad innata por aprender todo lo que está por venir nos enseño a correr detrás de ella, muy cerquita, al principio, y a su lado de la mano cuando le cogimos la carrerilla. Nos prometimos acompañarla emocionalmente siempre, en cada berrinche, en cada progreso, desde el apego y recurriendo a la empatía siempre que fuera necesario. Nunca creía haber tenido esa capacidad, la de la paciencia infinita que recompensa mil veces cuando esas manitas pequeñas y regordetas te rodean las mejillas acompañadas de un jugoso, caliente, babosete y más sincero beso.
Veintisiete meses después, cuando nos dejó dormir más de seis horas seguidas por primera vez y ya pensábamos que le habíamos pillado el "tranquillo" a esto de ser padres, llegó el segundo regalo, Maria. Inesperada pero dulce, tierna y tranquila llegó para equilibrar las energías intrínsecas de la familia aportando un "no sé qué" que nos colmata de felicidad cada día. Tener un bebé cuando el primer hijo sigue siéndolo todavía, aunque solo un pelín más grande, pero con ritmos totalmente divergentes (en algunos puntos) no puede resultar de lo más divertido. Y del trajín de todas estas experiencias "entre pañales", del intento de una crianza con apego y de mi interés por la didáctica y el disfrute de "seguir al niño" (en términos montessori) aprendiendo junto a ellas surge la motivación de este blog, que no es más que el resultado de un pupurrí ideas, sentimientos y experiencias envueltas de destellos de colores surgidas a raíz de estos tiempos de" CRIANZA como puedas".
"La Tierra no es la herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos" (Probervio indio)
"Seguid al niño" (Maria Montessori)